A continuación analizaremos cómo se realizó el tránsito del mito a la
filosofía.
Una definición del mito es la siguiente: conjunto de narraciones y
doctrinas tradicionales de los poetas acerca del mundo, los hombres y los
dioses. En este caso, al atribuir las narraciones a los poetas, nos referimos
especialmente a Homero y a Hesíodo.
Ambos poetas, con sus respectivas obras, fueron la principal fuente de
las narraciones míticas y doctrinas informativas y educativas tradicionales
(religiosas, técnicas, morales, etcétera), que integraron el corpus del saber
griego en la etapa previa a la aparición de la filosofía, es decir, en los
siglos viii y vii a. C.
Una característica básica del mito es que ofrece una explicación total,
o sea, pretende dar respuesta a los enigmas más inquietantes acerca del
Universo o de la realidad total, como el origen del hombre y de las cosas,
la organización social, el ámbito de lo divino, etcétera.
Otra manera de concebir al mito es entenderlo como una actitud
intelectual que sirve de base a las explicaciones anteriores. Las fuerzas
naturales se personifican y divinizan para explicar los fenómenos; por
ejemplo, será un dios el que produce todos los fenómenos relacionados
con el mar. En este supuesto, tenemos que admitir que todos los sucesos
o fenómenos dependen de la voluntad de un dios.
Dentro del mito, los sucesos o fenómenos son arbitrarios, porque
al depender de la voluntad de los dioses, y siendo éstos concebidos
con pasiones humanas, los fenómenos dependen de una voluntad caprichosa.
Sin embargo, dentro del mito también se introdujo la existencia de
fuerzas —el destino— que no están personificadas, sino que son abstractas
y contra las cuales nada pueden ni los hombres ni los dioses. Este
elemento del mito aporta una variante en el acontecer universal, ya que
lo presenta como algo ineludible.
El carácter arbitrario e imprevisible, que el saber mítico atribuye a los
sucesos y conductas en general, ciertamente no es base para el saber racional
que vendrá después, a finales del siglo vii y, sobre todo, en el siglo
vi a. C. La explicación racional de los fenómenos busca leyes, es decir,
reglas, aunque éstas quedan negadas porque el acontecer depende de la
voluntad de los dioses.
Sin embargo, el elemento destino, con su carácter de necesidad, vino a
ser eslabón entre el mito y el logos, explicación racional, que iniciarán los
milesios en el siglo vi a. C. En otras palabras, cuando el griego cambió la
idea de arbitrariedad por la de necesidad, pensando que las cosas suceden
porque así tienen que suceder, entonces se dio paso a una nueva concepción
del mundo: su concepción racional o filosófica.
Los primeros filósofos advirtieron que la existencia de fenómenos o
cambios suponía también la existencia de algo permanente, que se conservaba
igual a través del cambio.
Por otro lado, si en realidad hay algo que se mantiene constante y permanente,
la pluralidad y multiplicidad que nos denuncian los sentidos quizá se
puedan reducir a pocos elementos, o tal vez a uno solo. Es entonces cuando
surge la trascendental pregunta acerca del principio o el arjé de las cosas.
En conclusión, tres preocupaciones formaron la base inicial de la
explicación racional del Universo; a saber: hay que buscar lo permanente
a través de lo cambiante; hay que buscar lo que es a través de lo que parece
ser; hay que buscar la unidad a través de la multiplicidad.
domingo, 20 de octubre de 2013
Los presocráticos
El presente apartado está dedicado a estudiar el problema que más preocupó
a los presocráticos, es decir, a los representantes del primer periodo de
la filosofía griega (probablemente también hayan tenido filosofía otras culturas
de la Antigüedad, pero no tocaremos ese asunto). Muy conveniente
será que, antes de abordar el tema principal, recordemos las circunstancias
en que vivía Grecia cuando surgió el pensamiento filosófico.
El entorno que enmarca la aparición y el desarrollo de la filosofía griega
comprende varios aspectos: histórico, geográfico, político, social y cultural.
Históricamente, la filosofía se inicia a finales del siglo vii y principios
del vi a. c. Para esos momentos, en Grecia ya se habían delimitado ciertas
zonas de dominio. Los aqueos quedaron establecidos en Arcadia y Chipre;
los jonios, en el Ática, las islas Cícladas y la costa central de Asia menor;
y los eolios, en Beocia, Tesalia y la región de Troya. Además de los conflictos
por motivos hegemónicos entre Atenas y Esparta, los movimientos bélicos
más significativos fueron dos: el de las Guerras Médicas y el de la invasión
macedónica. El primero surgió cuando los colonos griegos del Asia
Menor rehusaron someterse al dominio persa de Darío I. Dicho conflicto
tuvo lugar en el siglo v a. C., el siglo de Pericles, y terminó, después de
algunas derrotas, con la victoria de los griegos en Salamina. Esto provocó
que Atenas consolidara su hegemonía.
El segundo movimiento fue el de la invasión de Filipo de Macedonia,
en el año 338 a. C. La fácil victoria de Filipo en Queronea se debió en parte
a la crisis en que se encontraban las polis griegas. Con este hecho se inicia
la época helenística, en la cual el mundo griego se incorporó a una autoridad
política más amplia, circunstancia que permitió la helenización de un
territorio inmenso.
En cuanto a la situación geográfica, el mundo helénico se desarrolló
en torno al mar Egeo en un espacio muy fragmentado. Dicho espacio es
costero en parte y también comprende terrenos cruzados por montañas,
lo cual hace que los valles formen regiones adecuadas para un modo de
vivir muy singular. Cuando se establecieron los griegos en esas regiones,
se agruparon en pequeñas aldeas; al unirse las aldeas de cada región se
originó una ciudad, la cual se constituyó en Estado. Estas ciudades-Estado
eran completamente independientes, ya que cada una tenía su gobierno,
sus leyes, su ejército y sus recursos propios.
En el ámbito político, los griegos, especialmente los atenienses, transitaron
de la monarquía a la democracia, pasando por la aristocracia. En un
principio todo el poder —político, religioso y militar— estaba concentrado
en el basileus (emperador); en una segunda etapa, los nobles fueron aumentando
cada vez más su injerencia en el poder; finalmente, en el siglo v con
Pericles, la democracia se volvió realidad, ya que hasta los thetes (los más
pobres) reunidos en la Asamblea intervenían en la dirección del Estado.
En lo que se refiere al aspecto social, en la Grecia de la etapa anterior al
periodo clásico de la filosofía encontramos una sociedad aristocrática, agrícola
y guerrera. La colectividad estaba dividida en dos clases: la nobleza y el
pueblo. La primera gobernaba en tiempo de paz y conducía al pueblo en
tiempos de guerra; mientras la segunda trabajaba y proveía de soldados.
En el entorno cultural había, a la vez, varios aspectos que se deben
tomar en cuenta.
El de los ideales. Para el griego de los siglos viii, vii y vi a. C., las máximas
aspiraciones eran la nobleza del linaje, el éxito y la fama. Conviene recordar
que solamente los nobles eran depositarios de los ideales morales y
de la virtud en general.
El de la educación. En este terreno no existía un sistema organizado, pues
la tarea educativa fue quedando en manos de los poetas —en especial
Homero—. Para los griegos (siglos ix y viii a. C.), Homero fue un maestro
en cuya obra aprendieron moral y todo lo que creían saber.
El de la religión y la teología. La cultura griega no disponía de libros sagrados.
En las obras de Homero y Hesíodo fue donde el griego conoció la
organización de los dioses y sus formas de comportamiento. La conducta
de los dioses, que incluía robos, adulterios, etcétera, iba de acuerdo con
la moral aristocrática.
En conclusión, en una sociedad donde no había igualdad ni justicia,
pero que poseía una sabiduría popular mítica, surgió la filosofía como
una crítica a esa sabiduría y a esas conductas.
a los presocráticos, es decir, a los representantes del primer periodo de
la filosofía griega (probablemente también hayan tenido filosofía otras culturas
de la Antigüedad, pero no tocaremos ese asunto). Muy conveniente
será que, antes de abordar el tema principal, recordemos las circunstancias
en que vivía Grecia cuando surgió el pensamiento filosófico.
El entorno que enmarca la aparición y el desarrollo de la filosofía griega
comprende varios aspectos: histórico, geográfico, político, social y cultural.
Históricamente, la filosofía se inicia a finales del siglo vii y principios
del vi a. c. Para esos momentos, en Grecia ya se habían delimitado ciertas
zonas de dominio. Los aqueos quedaron establecidos en Arcadia y Chipre;
los jonios, en el Ática, las islas Cícladas y la costa central de Asia menor;
y los eolios, en Beocia, Tesalia y la región de Troya. Además de los conflictos
por motivos hegemónicos entre Atenas y Esparta, los movimientos bélicos
más significativos fueron dos: el de las Guerras Médicas y el de la invasión
macedónica. El primero surgió cuando los colonos griegos del Asia
Menor rehusaron someterse al dominio persa de Darío I. Dicho conflicto
tuvo lugar en el siglo v a. C., el siglo de Pericles, y terminó, después de
algunas derrotas, con la victoria de los griegos en Salamina. Esto provocó
que Atenas consolidara su hegemonía.
El segundo movimiento fue el de la invasión de Filipo de Macedonia,
en el año 338 a. C. La fácil victoria de Filipo en Queronea se debió en parte
a la crisis en que se encontraban las polis griegas. Con este hecho se inicia
la época helenística, en la cual el mundo griego se incorporó a una autoridad
política más amplia, circunstancia que permitió la helenización de un
territorio inmenso.
En cuanto a la situación geográfica, el mundo helénico se desarrolló
en torno al mar Egeo en un espacio muy fragmentado. Dicho espacio es
costero en parte y también comprende terrenos cruzados por montañas,
lo cual hace que los valles formen regiones adecuadas para un modo de
vivir muy singular. Cuando se establecieron los griegos en esas regiones,
se agruparon en pequeñas aldeas; al unirse las aldeas de cada región se
originó una ciudad, la cual se constituyó en Estado. Estas ciudades-Estado
eran completamente independientes, ya que cada una tenía su gobierno,
sus leyes, su ejército y sus recursos propios.
En el ámbito político, los griegos, especialmente los atenienses, transitaron
de la monarquía a la democracia, pasando por la aristocracia. En un
principio todo el poder —político, religioso y militar— estaba concentrado
en el basileus (emperador); en una segunda etapa, los nobles fueron aumentando
cada vez más su injerencia en el poder; finalmente, en el siglo v con
Pericles, la democracia se volvió realidad, ya que hasta los thetes (los más
pobres) reunidos en la Asamblea intervenían en la dirección del Estado.
En lo que se refiere al aspecto social, en la Grecia de la etapa anterior al
periodo clásico de la filosofía encontramos una sociedad aristocrática, agrícola
y guerrera. La colectividad estaba dividida en dos clases: la nobleza y el
pueblo. La primera gobernaba en tiempo de paz y conducía al pueblo en
tiempos de guerra; mientras la segunda trabajaba y proveía de soldados.
En el entorno cultural había, a la vez, varios aspectos que se deben
tomar en cuenta.
El de los ideales. Para el griego de los siglos viii, vii y vi a. C., las máximas
aspiraciones eran la nobleza del linaje, el éxito y la fama. Conviene recordar
que solamente los nobles eran depositarios de los ideales morales y
de la virtud en general.
El de la educación. En este terreno no existía un sistema organizado, pues
la tarea educativa fue quedando en manos de los poetas —en especial
Homero—. Para los griegos (siglos ix y viii a. C.), Homero fue un maestro
en cuya obra aprendieron moral y todo lo que creían saber.
El de la religión y la teología. La cultura griega no disponía de libros sagrados.
En las obras de Homero y Hesíodo fue donde el griego conoció la
organización de los dioses y sus formas de comportamiento. La conducta
de los dioses, que incluía robos, adulterios, etcétera, iba de acuerdo con
la moral aristocrática.
En conclusión, en una sociedad donde no había igualdad ni justicia,
pero que poseía una sabiduría popular mítica, surgió la filosofía como
una crítica a esa sabiduría y a esas conductas.
Fragmentos filosóficos (textuales)
Como uno de los propósitos generales de este libro, y en especial de esta
unidad, es que trates de adquirir una noción clara de lo que son la filosofía
y los problemas filosóficos, presentamos extractos de la obra Qué es
filosofía, del filósofo José Ortega y Gasset, para que mediante su lectura te
familiarices con la filosofía misma.
Filosofía es conocimiento del Universo o de todo cuanto hay. Ya
vimos que esto implicaba para el filósofo la obligación de plantearse un
problema absoluto, es decir, de no partir tranquilamente de creencias
previas, de no dar nada por sabido anticipadamente. Lo sabido es lo
que ya no es problema. Ahora bien, lo sabido fuera, aparte o antes de la
filosofía es sabido desde un punto de vista parcial y no universal, es un
saber de nivel inferior que no puede aprovecharse en la altitud donde se
mueve a nativitate [de nacimiento] el conocimiento filosófico. Visto desde
la altura filosófica, todo otro saber tiene un carácter de ingenuidad y de
relativa falsedad, es decir, que se vuelve otra vez problemático. Por eso
Nicolás Cusano llamaba a las ciencias docta ignorantia.
Esta situación del filósofo, que va aneja a su extremo heroísmo
intelectual y que sería tan incómoda si no le llevase a ella su inevitable
vocación, impone a su pensamiento lo que llamo imperativo de autonomía.
Significa este principio metódico la renuncia a apoyarse en nada
anterior a la filosofía misma que se vaya haciendo, el compromiso de no
partir de verdades supuestas. Es la filosofía una ciencia sin suposiciones.
Entendiendo por tal un sistema de verdades que se han construido sin
admitir como fundamento de él ninguna verdad que se da por probada
fuera de ese sistema. No hay, pues, una admisión filosófica que el filósofo
no tenga que forjar con sus propios medios. Es, pues, la filosofía ley intelectual
de sí misma, es autonómica. A esto llamo principio de autonomía
y él nos liga sin pérdida alguna a todo el pasado criticista de la filosofía,
él nos retrotrae al gran impulsor del pensamiento moderno y nos califica
como últimos nietos de Descartes.
[...] No basta con el principio de autonomía que es negativo, estático
y de cautela, que nos invita a tener cuidado, pero no a caminar, que no
orienta ni dirige nuestro avance. No basta con no errar: es preciso acertar,
es forzoso atacar sin descanso nuestro problema, y como éste consiste en
definir el todo o Universo, cada concepto filosófico habrá de ser fabricado
en función del todo, a diferencia de los conceptos en las disciplinas
particulares, que se atienen a lo que la parte es como parte aislada o falso
todo. Así, la física nos dice solamente lo que es la materia como si sólo
ella hubiese en el Universo, como si fuese el Universo. Por eso la física ha
solido tender a sublevarse como auténtica filosofía, y esta pseudofilosofía
subversiva es el materialismo. El filósofo, en cambio, buscará de la materia
su valor como pieza del Universo y dirá la verdad última de cada cosa,
lo que esta cosa es en función de todas. A este principio de conceptuación
llamo pantonomía o ley de totalidad.
[...] Pero aún tenemos que añadir, entre otros menos urgentes, un
nuevo atributo al concepto de filosofía. Un atributo que pudiera parecer
demasiado inexcusable para que merezca ser formulado. Sin embargo, es
muy importante. Llamamos filosofía a un conocimiento teorético, a una
teoría. La teoría es un conjunto de conceptos —en el sentido estricto del
término concepto—. Y este sentido estricto consiste en ser el concepto
un contenido mental enunciable. Lo que no se puede decir, lo indecible
o inefable no es concepto, y un conocimiento que consista en visión
inefable del objeto será todo lo que ustedes quieran, inclusive será, si
ustedes lo quieren, la forma suprema de conocimiento, pero no es lo
que intentamos bajo el nombre de filosofía. Si imaginamos un sistema
filosófico como el de Plotino o el de Bergson, que mediante conceptos
nos demuestra ser el verdadero conocimiento un éxtasis de la conciencia
en que ésta transpone los límites de lo intelectual o conceptual y toma
contacto inmediato con la realidad, por lo tanto, sin la mediación o intermedio
del concepto, diríamos que son filosofías en tanto que prueban la
necesidad del éxtasis con medios no extáticos y dejan de serlo cuando se
arrojan del concepto a la inmersión en el místico trance.
El misticismo tiende a explotar la profundidad y especula con lo abismático;
por lo menos, se entusiasma con las honduras, se siente atraído
por ellas. Ahora bien, la tendencia de la filosofía es de dirección opuesta.
No le interesa sumergirse en lo profundo, como a la mística, sino, al
revés, emerge de lo profundo a la superficie. Contra lo que suele suponerse,
es la filosofía un gigantesco afán de superficialidad, quiero decir,
de traer a la superficie y tornar patente, claro, perogrullesco si es posible,
lo que estaba subterráneo, misterioso y latente. Detesta el misterio y los
gestos melodramáticos del iniciado, del mistagogo. Puede decir de sí
misma lo que Goethe:
Yo me declaro del linaje de esos
que de lo oscuro hacia lo claro aspiran.
La filosofía es un enorme apetito de transparencia y una resuelta
voluntad de mediodía. Su propósito radical es traer a la superficie, declarar,
descubrir lo oculto o velado —en Grecia la filosofía comenzó por
llamarse alétheia, que significa desocultación, revelación o desvelación;
en suma, manifestación—. Y manifestar no es sino hablar, logos. Si el
misticismo es callar, filosofar es decir; descubrir en la gran desnudez y
transparencia de la palabra el ser de las cosas, decir el ser —ontología—.
Frente al misticismo, la filosofía quisiera ser el secreto a voces.
Si nuestro problema es conocer cuanto hay o el Universo, lo primero
que necesitamos hacer es determinar de qué cosas entre las que acaso
hay podemos estar seguros de que las hay. Tal vez en el Universo hay
muchas cosas cuya existencia ignoramos y que siempre ignoraremos, o
viceversa, de otras muchas creemos que las hay en el Universo, pero lo
creemos con error; es decir, que, en verdad, no las hay en el Universo,
sino sólo en nuestra creencia, son ilusiones. La caravana sedienta cree ver
en la lejanía del desierto una línea estremecida donde el frescor del agua
tiembla. Pero esta agua benéfica no la hay en el desierto, sino sólo en la
fantasía de la caravana.
Hay, pues, que distinguir estas tres clases de cosas: las que acaso
hay en el Universo, sepámoslo o no; las que creemos erróneamente
que hay, pero que, en verdad, no las hay, y, en fin, aquellas de que
podemos estar seguros que las hay. Estas últimas serán las que, a la par,
hay en el Universo y hay en nuestro conocimiento. Serán, pues, lo que
indubitablemente tenemos de cuanto hay, lo que del Universo nos es
incuestionablemente dado —en suma, los datos del Universo.
Todo problema supone datos. Los datos son lo que no es problema. En
el ejemplo tradicional que el otro día reiterábamos —el bastón sumergido
en el agua— es dato el del tacto, que nos presenta el bastón recto, y es dato
el de la visión, que nos presenta el bastón quebrado. El problema surge
en la medida en que esos dos hechos no sean problemas, sino hechos efectivos
e indudables. Cuando lo son surge ante nosotros su carácter contradictorio
y en éste, como vimos, consiste todo problema. Los datos nos dan
una realidad manca, insuficiente, nos presentan algo que, por otro lado,
espero que no pueda ser tal y como es, que se contradice: una realidad en
que el bastón es, a la vez, recto y quebrado. Cuanto más palmaria sea más
inaceptable es, más problema; es más, no es.
Para que el pensamiento actúe tiene que haber un problema delante y
para que haya un problema tiene que haber datos. Si no nos es dado algo,
no se nos ocurriría pensar en ello o sobre ello; y si nos fuese dado todo
tampoco tendríamos por qué pensar. El problema supone una situación
intermedia: que algo sea dado y que lo dado sea incompleto, no se baste
a sí mismo. Si no sabemos algo no sabríamos que es insuficiente, que es
manco, que nos faltan otros algos postulados por el que ya tenemos. Esto
es la conciencia del problema. Es saber que no sabemos bastante, es saber
que ignoramos. Y tal fue, en rigor, el sentido profundo del “saber el no
saber” que Sócrates se atribuía como único orgullo. ¡Claro!, como que es
el comienzo de la ciencia: la conciencia de los problemas.
Por eso se pregunta Platón: ¿Qué ser es capaz de actividad cognoscitiva?
No lo es el animal, porque lo ignora todo, inclusive su ignorancia,
y nada puede moverle a salir de ella. Pero tampoco lo es Dios, que
sabe ya todo de antemano y no tiene por qué esforzarse. Sólo un ser de
intermisión, situado entre la bestia y Dios, dotado de ignorancia pero
a la vez sabedor de esta ignorancia, se siente empujado a salir de ella y
va en dinámico disparo, tenso, anhelante de la ignorancia hacia la sabiduría.
Este ser intermedio es el hombre. Es, pues, la gloria específica del
hombre saber que no sabe —esto hace de él la bestia divina cargada de
problemas.
Como el nuestro es el Universo o cuanto hay, necesitamos fijar qué
datos del Universo hallamos, o dicho de otra forma, qué es entre todo
lo que hay lo que es seguramente dado y no necesitamos buscar. Lo que
necesitamos buscar será precisamente lo que nos falta porque no nos es
dado.
unidad, es que trates de adquirir una noción clara de lo que son la filosofía
y los problemas filosóficos, presentamos extractos de la obra Qué es
filosofía, del filósofo José Ortega y Gasset, para que mediante su lectura te
familiarices con la filosofía misma.
Filosofía es conocimiento del Universo o de todo cuanto hay. Ya
vimos que esto implicaba para el filósofo la obligación de plantearse un
problema absoluto, es decir, de no partir tranquilamente de creencias
previas, de no dar nada por sabido anticipadamente. Lo sabido es lo
que ya no es problema. Ahora bien, lo sabido fuera, aparte o antes de la
filosofía es sabido desde un punto de vista parcial y no universal, es un
saber de nivel inferior que no puede aprovecharse en la altitud donde se
mueve a nativitate [de nacimiento] el conocimiento filosófico. Visto desde
la altura filosófica, todo otro saber tiene un carácter de ingenuidad y de
relativa falsedad, es decir, que se vuelve otra vez problemático. Por eso
Nicolás Cusano llamaba a las ciencias docta ignorantia.
Esta situación del filósofo, que va aneja a su extremo heroísmo
intelectual y que sería tan incómoda si no le llevase a ella su inevitable
vocación, impone a su pensamiento lo que llamo imperativo de autonomía.
Significa este principio metódico la renuncia a apoyarse en nada
anterior a la filosofía misma que se vaya haciendo, el compromiso de no
partir de verdades supuestas. Es la filosofía una ciencia sin suposiciones.
Entendiendo por tal un sistema de verdades que se han construido sin
admitir como fundamento de él ninguna verdad que se da por probada
fuera de ese sistema. No hay, pues, una admisión filosófica que el filósofo
no tenga que forjar con sus propios medios. Es, pues, la filosofía ley intelectual
de sí misma, es autonómica. A esto llamo principio de autonomía
y él nos liga sin pérdida alguna a todo el pasado criticista de la filosofía,
él nos retrotrae al gran impulsor del pensamiento moderno y nos califica
como últimos nietos de Descartes.
[...] No basta con el principio de autonomía que es negativo, estático
y de cautela, que nos invita a tener cuidado, pero no a caminar, que no
orienta ni dirige nuestro avance. No basta con no errar: es preciso acertar,
es forzoso atacar sin descanso nuestro problema, y como éste consiste en
definir el todo o Universo, cada concepto filosófico habrá de ser fabricado
en función del todo, a diferencia de los conceptos en las disciplinas
particulares, que se atienen a lo que la parte es como parte aislada o falso
todo. Así, la física nos dice solamente lo que es la materia como si sólo
ella hubiese en el Universo, como si fuese el Universo. Por eso la física ha
solido tender a sublevarse como auténtica filosofía, y esta pseudofilosofía
subversiva es el materialismo. El filósofo, en cambio, buscará de la materia
su valor como pieza del Universo y dirá la verdad última de cada cosa,
lo que esta cosa es en función de todas. A este principio de conceptuación
llamo pantonomía o ley de totalidad.
[...] Pero aún tenemos que añadir, entre otros menos urgentes, un
nuevo atributo al concepto de filosofía. Un atributo que pudiera parecer
demasiado inexcusable para que merezca ser formulado. Sin embargo, es
muy importante. Llamamos filosofía a un conocimiento teorético, a una
teoría. La teoría es un conjunto de conceptos —en el sentido estricto del
término concepto—. Y este sentido estricto consiste en ser el concepto
un contenido mental enunciable. Lo que no se puede decir, lo indecible
o inefable no es concepto, y un conocimiento que consista en visión
inefable del objeto será todo lo que ustedes quieran, inclusive será, si
ustedes lo quieren, la forma suprema de conocimiento, pero no es lo
que intentamos bajo el nombre de filosofía. Si imaginamos un sistema
filosófico como el de Plotino o el de Bergson, que mediante conceptos
nos demuestra ser el verdadero conocimiento un éxtasis de la conciencia
en que ésta transpone los límites de lo intelectual o conceptual y toma
contacto inmediato con la realidad, por lo tanto, sin la mediación o intermedio
del concepto, diríamos que son filosofías en tanto que prueban la
necesidad del éxtasis con medios no extáticos y dejan de serlo cuando se
arrojan del concepto a la inmersión en el místico trance.
El misticismo tiende a explotar la profundidad y especula con lo abismático;
por lo menos, se entusiasma con las honduras, se siente atraído
por ellas. Ahora bien, la tendencia de la filosofía es de dirección opuesta.
No le interesa sumergirse en lo profundo, como a la mística, sino, al
revés, emerge de lo profundo a la superficie. Contra lo que suele suponerse,
es la filosofía un gigantesco afán de superficialidad, quiero decir,
de traer a la superficie y tornar patente, claro, perogrullesco si es posible,
lo que estaba subterráneo, misterioso y latente. Detesta el misterio y los
gestos melodramáticos del iniciado, del mistagogo. Puede decir de sí
misma lo que Goethe:
Yo me declaro del linaje de esos
que de lo oscuro hacia lo claro aspiran.
La filosofía es un enorme apetito de transparencia y una resuelta
voluntad de mediodía. Su propósito radical es traer a la superficie, declarar,
descubrir lo oculto o velado —en Grecia la filosofía comenzó por
llamarse alétheia, que significa desocultación, revelación o desvelación;
en suma, manifestación—. Y manifestar no es sino hablar, logos. Si el
misticismo es callar, filosofar es decir; descubrir en la gran desnudez y
transparencia de la palabra el ser de las cosas, decir el ser —ontología—.
Frente al misticismo, la filosofía quisiera ser el secreto a voces.
Si nuestro problema es conocer cuanto hay o el Universo, lo primero
que necesitamos hacer es determinar de qué cosas entre las que acaso
hay podemos estar seguros de que las hay. Tal vez en el Universo hay
muchas cosas cuya existencia ignoramos y que siempre ignoraremos, o
viceversa, de otras muchas creemos que las hay en el Universo, pero lo
creemos con error; es decir, que, en verdad, no las hay en el Universo,
sino sólo en nuestra creencia, son ilusiones. La caravana sedienta cree ver
en la lejanía del desierto una línea estremecida donde el frescor del agua
tiembla. Pero esta agua benéfica no la hay en el desierto, sino sólo en la
fantasía de la caravana.
Hay, pues, que distinguir estas tres clases de cosas: las que acaso
hay en el Universo, sepámoslo o no; las que creemos erróneamente
que hay, pero que, en verdad, no las hay, y, en fin, aquellas de que
podemos estar seguros que las hay. Estas últimas serán las que, a la par,
hay en el Universo y hay en nuestro conocimiento. Serán, pues, lo que
indubitablemente tenemos de cuanto hay, lo que del Universo nos es
incuestionablemente dado —en suma, los datos del Universo.
Todo problema supone datos. Los datos son lo que no es problema. En
el ejemplo tradicional que el otro día reiterábamos —el bastón sumergido
en el agua— es dato el del tacto, que nos presenta el bastón recto, y es dato
el de la visión, que nos presenta el bastón quebrado. El problema surge
en la medida en que esos dos hechos no sean problemas, sino hechos efectivos
e indudables. Cuando lo son surge ante nosotros su carácter contradictorio
y en éste, como vimos, consiste todo problema. Los datos nos dan
una realidad manca, insuficiente, nos presentan algo que, por otro lado,
espero que no pueda ser tal y como es, que se contradice: una realidad en
que el bastón es, a la vez, recto y quebrado. Cuanto más palmaria sea más
inaceptable es, más problema; es más, no es.
Para que el pensamiento actúe tiene que haber un problema delante y
para que haya un problema tiene que haber datos. Si no nos es dado algo,
no se nos ocurriría pensar en ello o sobre ello; y si nos fuese dado todo
tampoco tendríamos por qué pensar. El problema supone una situación
intermedia: que algo sea dado y que lo dado sea incompleto, no se baste
a sí mismo. Si no sabemos algo no sabríamos que es insuficiente, que es
manco, que nos faltan otros algos postulados por el que ya tenemos. Esto
es la conciencia del problema. Es saber que no sabemos bastante, es saber
que ignoramos. Y tal fue, en rigor, el sentido profundo del “saber el no
saber” que Sócrates se atribuía como único orgullo. ¡Claro!, como que es
el comienzo de la ciencia: la conciencia de los problemas.
Por eso se pregunta Platón: ¿Qué ser es capaz de actividad cognoscitiva?
No lo es el animal, porque lo ignora todo, inclusive su ignorancia,
y nada puede moverle a salir de ella. Pero tampoco lo es Dios, que
sabe ya todo de antemano y no tiene por qué esforzarse. Sólo un ser de
intermisión, situado entre la bestia y Dios, dotado de ignorancia pero
a la vez sabedor de esta ignorancia, se siente empujado a salir de ella y
va en dinámico disparo, tenso, anhelante de la ignorancia hacia la sabiduría.
Este ser intermedio es el hombre. Es, pues, la gloria específica del
hombre saber que no sabe —esto hace de él la bestia divina cargada de
problemas.
Como el nuestro es el Universo o cuanto hay, necesitamos fijar qué
datos del Universo hallamos, o dicho de otra forma, qué es entre todo
lo que hay lo que es seguramente dado y no necesitamos buscar. Lo que
necesitamos buscar será precisamente lo que nos falta porque no nos es
dado.
Terminología
En el tratamiento de cada problema irán apareciendo términos con
significado muy específico; pero a lo largo de todo el libro se repetirán
vocablos que son propios de la filosofía y que, a menos que se haga alguna
aclaración especial, siempre tendrán el mismo significado. He aquí
algunos de esos términos o vocablos:
Axiología (filosofía de los valores). Es la teoría o el estudio de los valores.
Algunos de los problemas que analiza son:
• La naturaleza de los valores (¿será subjetiva u objetiva?).
• La jerarquía de los valores (¿cuál será el valor más alto?).
Axiológico. Es todo lo que se refiere al campo de los valores.
Cosmología (o filosofía de la naturaleza). Disciplina filosófica que estudia
lo no viviente desde un punto de vista metafísico. Estudia también
el origen y la naturaleza del mundo considerado como una realidad.
Cosmológico. Todo lo relativo al campo de la cosmología.
Epistemología (o gnoseología, teoría del conocimiento, criteriología).
Investiga el valor y el ámbito del conocimiento verdadero y cierto. Estudia
problemas como: la verdad, la certeza, la relación entre el sujeto cognoscente
y el objeto conocido.
Epistemológico (gnoseológico). Designa todo aquello que, de alguna
manera, se encuentra en el campo de la epistemología.
Estética (o filosofía del arte). Disciplina filosófica que reflexiona sobre el
arte y la belleza. Entre sus problemas se encuentran el de la creación
artística y el de la contemplación estética.
Estético. Es todo lo relativo al campo de la estética.
Ética (o filosofía de la moral). Reflexión filosófica sobre la moral, entendida
ésta como las normas que gobiernan las relaciones humanas, o bien,
como los actos que caen bajo esas normas. La ética y la psicología estudian
la conducta; la primera para saber si es como debe ser; la segunda
para explicarla. La ética estudia la moral, en general, con la finalidad de
establecer sus principios fundamentales.
Ético. En sentido estricto, designa lo relacionado con el campo de la ética;
sin embargo, también se emplea para calificar los actos que están
de acuerdo con el deber.
Físico. Todo lo relacionado con la materia o con los cuerpos en general.
Jurídico. Todo lo relacionado con el derecho, es decir, con la justicia o
con las normas jurídicas.
Lógica. Disciplina formal que estudia la corrección o validez de los razonamientos
y todo lo que con esto se relacione directamente; por ejemplo:
las proposiciones en su aspecto formal, las propiedades de los
sistemas lógicos, los principios lógicos, etcétera. Sus partes principales
(en lógica clásica) son: lógica proposicional, lógica de predicados y
lógica de clases.
Lógico. Lo relativo al campo de la lógica.
Metafísica (general u ontología). Disciplina filosófica que estudia el ser
en cuanto ser, las propiedades trascendentales de los entes, las causas
generales, la esencia y la existencia, el acto y la potencia, la sustancia
y los accidentes.
Metafísico. Hace referencia a elementos o aspectos del campo de la
metafísica.
Moral. Los actos humanos o las normas que gobiernan dichos actos. Los
actos morales pueden ser buenos o malos.
Ontología. Metafísica (general).
Ontológico. Todo lo que se refiere a lo real o al campo de la ontología.
Psicología (puede ser racional o empírica). La psicología es una disciplina
científica que, en tanto disciplina filosófica, estudia la naturaleza,
las propiedades y las operaciones de los seres vivos, especialmente de
los seres humanos. También entra en su campo el estudio del alma y
de los fenómenos conscientes.
Psicológico. Designa cualquier aspecto o elemento del campo de la psicología.
significado muy específico; pero a lo largo de todo el libro se repetirán
vocablos que son propios de la filosofía y que, a menos que se haga alguna
aclaración especial, siempre tendrán el mismo significado. He aquí
algunos de esos términos o vocablos:
Axiología (filosofía de los valores). Es la teoría o el estudio de los valores.
Algunos de los problemas que analiza son:
• La naturaleza de los valores (¿será subjetiva u objetiva?).
• La jerarquía de los valores (¿cuál será el valor más alto?).
Axiológico. Es todo lo que se refiere al campo de los valores.
Cosmología (o filosofía de la naturaleza). Disciplina filosófica que estudia
lo no viviente desde un punto de vista metafísico. Estudia también
el origen y la naturaleza del mundo considerado como una realidad.
Cosmológico. Todo lo relativo al campo de la cosmología.
Epistemología (o gnoseología, teoría del conocimiento, criteriología).
Investiga el valor y el ámbito del conocimiento verdadero y cierto. Estudia
problemas como: la verdad, la certeza, la relación entre el sujeto cognoscente
y el objeto conocido.
Epistemológico (gnoseológico). Designa todo aquello que, de alguna
manera, se encuentra en el campo de la epistemología.
Estética (o filosofía del arte). Disciplina filosófica que reflexiona sobre el
arte y la belleza. Entre sus problemas se encuentran el de la creación
artística y el de la contemplación estética.
Estético. Es todo lo relativo al campo de la estética.
Ética (o filosofía de la moral). Reflexión filosófica sobre la moral, entendida
ésta como las normas que gobiernan las relaciones humanas, o bien,
como los actos que caen bajo esas normas. La ética y la psicología estudian
la conducta; la primera para saber si es como debe ser; la segunda
para explicarla. La ética estudia la moral, en general, con la finalidad de
establecer sus principios fundamentales.
Ético. En sentido estricto, designa lo relacionado con el campo de la ética;
sin embargo, también se emplea para calificar los actos que están
de acuerdo con el deber.
Físico. Todo lo relacionado con la materia o con los cuerpos en general.
Jurídico. Todo lo relacionado con el derecho, es decir, con la justicia o
con las normas jurídicas.
Lógica. Disciplina formal que estudia la corrección o validez de los razonamientos
y todo lo que con esto se relacione directamente; por ejemplo:
las proposiciones en su aspecto formal, las propiedades de los
sistemas lógicos, los principios lógicos, etcétera. Sus partes principales
(en lógica clásica) son: lógica proposicional, lógica de predicados y
lógica de clases.
Lógico. Lo relativo al campo de la lógica.
Metafísica (general u ontología). Disciplina filosófica que estudia el ser
en cuanto ser, las propiedades trascendentales de los entes, las causas
generales, la esencia y la existencia, el acto y la potencia, la sustancia
y los accidentes.
Metafísico. Hace referencia a elementos o aspectos del campo de la
metafísica.
Moral. Los actos humanos o las normas que gobiernan dichos actos. Los
actos morales pueden ser buenos o malos.
Ontología. Metafísica (general).
Ontológico. Todo lo que se refiere a lo real o al campo de la ontología.
Psicología (puede ser racional o empírica). La psicología es una disciplina
científica que, en tanto disciplina filosófica, estudia la naturaleza,
las propiedades y las operaciones de los seres vivos, especialmente de
los seres humanos. También entra en su campo el estudio del alma y
de los fenómenos conscientes.
Psicológico. Designa cualquier aspecto o elemento del campo de la psicología.
Áreas básicas de la filosofía
Básicamente conocemos las siguientes áreas de la filosofía:
• Ontología, Estudia el ente, el ser.
• Gnoseología, Ciencia del conocimiento.
• Axiología, Teoría de los valores morales.
En las tres áreas de la filosofía se ubican varias disciplinas que se describen
a continuación.
Ontología
a) Metafísica de la naturaleza: también llamada cosmología, se ocupa
del mundo físico y trata de hallar principios naturales que le permitan
dar respuesta a interrogantes como: ¿Cuál es el origen de todo
lo que existe?, ¿de qué están hechas todas las cosas?, etcétera.
b) Metafísica del espíritu: Aristóteles la llamó Filosofía primera, y
Andrónico de Rodas Metafísica, ésta trata de encontrar principios
racionales por medio de los cuales se trata de comprender
la complejidad de las cosas del mundo.
Gnoseología
c) Lógica: Tiene como objeto de estudio el razonamiento.
d) Epistemología: Proporciona los criterios capaces de precisar lo que
puede ser conocido.
Axiología
e) Ética: También llamada filosofía moral tiene como objeto de
estudio la conducta humana.
f) Estética: Disciplina que estudia la esencia de los valores estéticos,
como la belleza, etcétera.
Terminología
En el tratamiento de cada problema irán apareciendo términos con
significado muy específico; pero a lo largo de todo el libro se repetirán
vocablos que son propios de la filosofía y que, a menos que se haga alguna
aclaración especial, siempre tendrán el mismo significado. He aquí
algunos de esos términos o vocablos:
Axiología (filosofía de los valores). Es la teoría o el estudio de los valores.
Algunos de los problemas que analiza son:
• La naturaleza de los valores (¿será subjetiva u objetiva?).
• La jerarquía de los valores (¿cuál será el valor más alto?).
Axiológico. Es todo lo que se refiere al campo de los valores.
Cosmología (o filosofía de la naturaleza). Disciplina filosófica que estudia
lo no viviente desde un punto de vista metafísico. Estudia también
el origen y la naturaleza del mundo considerado como una realidad.
Filosofía
Gnoseología Axiología
Metafísica del Lógica Epistemología Ética Estética
espíritu
Metafísica de
la naturaleza
Ontología
• Ontología, Estudia el ente, el ser.
• Gnoseología, Ciencia del conocimiento.
• Axiología, Teoría de los valores morales.
En las tres áreas de la filosofía se ubican varias disciplinas que se describen
a continuación.
Ontología
a) Metafísica de la naturaleza: también llamada cosmología, se ocupa
del mundo físico y trata de hallar principios naturales que le permitan
dar respuesta a interrogantes como: ¿Cuál es el origen de todo
lo que existe?, ¿de qué están hechas todas las cosas?, etcétera.
b) Metafísica del espíritu: Aristóteles la llamó Filosofía primera, y
Andrónico de Rodas Metafísica, ésta trata de encontrar principios
racionales por medio de los cuales se trata de comprender
la complejidad de las cosas del mundo.
Gnoseología
c) Lógica: Tiene como objeto de estudio el razonamiento.
d) Epistemología: Proporciona los criterios capaces de precisar lo que
puede ser conocido.
Axiología
e) Ética: También llamada filosofía moral tiene como objeto de
estudio la conducta humana.
f) Estética: Disciplina que estudia la esencia de los valores estéticos,
como la belleza, etcétera.
Terminología
En el tratamiento de cada problema irán apareciendo términos con
significado muy específico; pero a lo largo de todo el libro se repetirán
vocablos que son propios de la filosofía y que, a menos que se haga alguna
aclaración especial, siempre tendrán el mismo significado. He aquí
algunos de esos términos o vocablos:
Axiología (filosofía de los valores). Es la teoría o el estudio de los valores.
Algunos de los problemas que analiza son:
• La naturaleza de los valores (¿será subjetiva u objetiva?).
• La jerarquía de los valores (¿cuál será el valor más alto?).
Axiológico. Es todo lo que se refiere al campo de los valores.
Cosmología (o filosofía de la naturaleza). Disciplina filosófica que estudia
lo no viviente desde un punto de vista metafísico. Estudia también
el origen y la naturaleza del mundo considerado como una realidad.
Filosofía
Gnoseología Axiología
Metafísica del Lógica Epistemología Ética Estética
espíritu
Metafísica de
la naturaleza
Ontología
Periodos del pensamiento filosófico
La filosofía no se originó totalmente con los griegos, ni sin influencia de
otras culturas. En la India, en China y en Egipto ya existía pensamiento
filosófico, aunque tuvo características muy diferentes del pensamiento occidental.
Es importante tener en cuenta que en la historia de la humanidad,
los problemas filosóficos se han centrado básicamente en:
a) El Mundo (cosmos, naturaleza, etcétera).
b) El Hombre (conocimiento, ética, política, Estado, etcétera).
c) Dios (lo sagrado, el sentido de la existencia, etcétera).
Conocemos básicamente cuatro etapas en la historia de la filosofía que
nos ayudan a identificar de forma práctica su evolución:
1. Antigüedad. En esta etapa el mundo se redujo a cosmología; el
hombre, a una antropología elemental, un principio de ética;
Dios es un principio metafísico que hace coherentes las explicaciones.
Abarca el pensamiento griego desde los presocráticos.
2. Edad Media. El mundo occidental se redujo a sociedad política,
y ésta a Imperio; el hombre no se valora como ser independiente,
sino como parte de la naturaleza; Dios es un poder sobrenatural
que todo lo domina e invade, concretado en la religión
como preocupación fundamental y la Iglesia como institución
omnipresente/poderosa. Dios prevalece sobre el mundo y sobre
el hombre. Abarca el pensamiento cristiano y la escolástica.
3. Edad Moderna. El Estado queda independiente de la Teología; al
hombre se le reconoce el valor de su razón y se inicia un proceso
de secularización que va quitando preeminencia a lo religioso.
El hombre aparece en primer plano, dejando aparte a Dios y
al mundo. Esta etapa se ubica el pensamiento renacentista y el
pensamiento ilustrado.
4. Edad Contemporánea. Se establece la autonomía y valor propio
del mundo y de la ciencia como modelo de conocimiento; al
hombre se le reconocen unos derechos inalienables sobre los
que se fundamenta su valor e igualdad con sus semejantes; en
muchos países occidentales la Iglesia se independiza definitivamente
del Estado.
otras culturas. En la India, en China y en Egipto ya existía pensamiento
filosófico, aunque tuvo características muy diferentes del pensamiento occidental.
Es importante tener en cuenta que en la historia de la humanidad,
los problemas filosóficos se han centrado básicamente en:
a) El Mundo (cosmos, naturaleza, etcétera).
b) El Hombre (conocimiento, ética, política, Estado, etcétera).
c) Dios (lo sagrado, el sentido de la existencia, etcétera).
Conocemos básicamente cuatro etapas en la historia de la filosofía que
nos ayudan a identificar de forma práctica su evolución:
1. Antigüedad. En esta etapa el mundo se redujo a cosmología; el
hombre, a una antropología elemental, un principio de ética;
Dios es un principio metafísico que hace coherentes las explicaciones.
Abarca el pensamiento griego desde los presocráticos.
2. Edad Media. El mundo occidental se redujo a sociedad política,
y ésta a Imperio; el hombre no se valora como ser independiente,
sino como parte de la naturaleza; Dios es un poder sobrenatural
que todo lo domina e invade, concretado en la religión
como preocupación fundamental y la Iglesia como institución
omnipresente/poderosa. Dios prevalece sobre el mundo y sobre
el hombre. Abarca el pensamiento cristiano y la escolástica.
3. Edad Moderna. El Estado queda independiente de la Teología; al
hombre se le reconoce el valor de su razón y se inicia un proceso
de secularización que va quitando preeminencia a lo religioso.
El hombre aparece en primer plano, dejando aparte a Dios y
al mundo. Esta etapa se ubica el pensamiento renacentista y el
pensamiento ilustrado.
4. Edad Contemporánea. Se establece la autonomía y valor propio
del mundo y de la ciencia como modelo de conocimiento; al
hombre se le reconocen unos derechos inalienables sobre los
que se fundamenta su valor e igualdad con sus semejantes; en
muchos países occidentales la Iglesia se independiza definitivamente
del Estado.
El método de la historia de la filosofía
Al hablar del método de la historia de la filosofía nos referimos al método
de nuestra exposición. Existen varios métodos para exponer la historia
de la filosofía; el más generalizado es el biográfico. Este método consiste
en presentar a los filósofos a partir de su biografía, continuar con sus
doctrinas y terminar con la identificación de un nexo con los filósofos
precedentes.
El método que aquí seguiremos es el “selectivo de problemas” o
“seguimiento de problemas”. Dicho método consiste en seleccionar el
problema o los problemas que se consideren más significativos en determinada
época o periodo para, después, presentar el tratamiento conceptual
que progresivamente se realizó alrededor de ellos.
En el desarrollo de este seguimiento será muy conveniente que se
tengan en cuenta los tres factores que siempre entran en juego para la
formulación y solución de problemas; a saber:
1. El factor pragmático. Se refiere a la circunstancia innata que acompaña
la aparición de determinados problemas; por ejemplo,
el de la existencia, el de la vida, el de la muerte, etcétera. Tales
cuestiones se repiten y seguirán repitiéndose en el decurso de la
historia reclamando una solución.
2. El factor histórico-cultural. Este factor consiste en la circunstancia
social o cultural que, con frecuencia, es determinante para la
aparición de un problema.
3. El factor individual. Como su nombre lo indica, este factor se
refiere a la individualidad del filósofo, quien, aunque reciba las
influencias de su entorno, sigue conservando su propia personalidad,
es decir, su independencia. La individualidad del filósofo
le permitirá ofrecer soluciones diferentes o nuevas conceptualizaciones.
de nuestra exposición. Existen varios métodos para exponer la historia
de la filosofía; el más generalizado es el biográfico. Este método consiste
en presentar a los filósofos a partir de su biografía, continuar con sus
doctrinas y terminar con la identificación de un nexo con los filósofos
precedentes.
El método que aquí seguiremos es el “selectivo de problemas” o
“seguimiento de problemas”. Dicho método consiste en seleccionar el
problema o los problemas que se consideren más significativos en determinada
época o periodo para, después, presentar el tratamiento conceptual
que progresivamente se realizó alrededor de ellos.
En el desarrollo de este seguimiento será muy conveniente que se
tengan en cuenta los tres factores que siempre entran en juego para la
formulación y solución de problemas; a saber:
1. El factor pragmático. Se refiere a la circunstancia innata que acompaña
la aparición de determinados problemas; por ejemplo,
el de la existencia, el de la vida, el de la muerte, etcétera. Tales
cuestiones se repiten y seguirán repitiéndose en el decurso de la
historia reclamando una solución.
2. El factor histórico-cultural. Este factor consiste en la circunstancia
social o cultural que, con frecuencia, es determinante para la
aparición de un problema.
3. El factor individual. Como su nombre lo indica, este factor se
refiere a la individualidad del filósofo, quien, aunque reciba las
influencias de su entorno, sigue conservando su propia personalidad,
es decir, su independencia. La individualidad del filósofo
le permitirá ofrecer soluciones diferentes o nuevas conceptualizaciones.
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